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Verdades y no tan verdades sobre la educación de nuestros hijos Por: Antonio
El Jueves 10 febrero 2005.

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12 preguntas para educar con coherencia
A veces, nos guiamos más por la comodidad, el cansancio, la ira o por nuestro ego al aplicar la disciplina con nuestros hijos. ¿Y qué hay de la coherencia? ¿Por qué ante el mismo hecho, a veces castigamos duramente y a veces amonestamos sin consecuencias? ¿Qué clase de coherencia es la que exige a los demás pero no a nosotros mismos?

Existen muchas ideas en educación que todos aceptamos cómo válidas pero que si las analizamos no son tan lógicas ni coherentes como parecen. Son cómodas, eso sí, y nos relevan de muchas responsabilidades.

¿A quién no le gusta el gastado enunciado de “Lo que importa es la calidad del tiempo que pasas con tus hijos, no la cantidad ? Es una frase que te permite dedicarles a tu antojo el tiempo que quieras (no el que necesitan) y que a menudo está directamente relacionado con el día que hayamos pasado en la oficina y del poco o mucho humor que nos quede después de darles la cena, hacer los deberes y obligarles a ducharse. Párate a pensar un momento en estas frases... ¿No crees que hoy es un buen momento para reciclar algunas de nuestras viejas ideas sobre educación?

No importa la cantidad de tiempo que pases con tu hijo. Lo importante es la calidad. FALSO. Tu hijo necesita las dos cosas, solo que ha aprendido a conformarse / resignarse cuando tú no le puedes dedicar más tiempo. Su desarrollo emocional necesita de tu atención, de tu compañía, de tus miradas cercanas. Si le dedicas un espacio regular conseguirás que tu hijo piense”: Debo ser importante porque mi padre / madre dedica cada noche 10 minutos a charlar conmigo... ¡y eso que casi no tiene tiempo ni de leer el periódico!”. Diez minutos diarios serán suficiente si lo haces con regularidad, intentando olvidar durante esos minutos la batalla agotadora del día. ¿Crees que esto es mucho tiempo para dedicar a tu hijo?

Hay circunstancias muy puntuales que justifican una “buena torta” o bofetada. FALSO. En ninguna circunstancia hay que recurrir a la agresividad física. Ni porque nos falten al respeto, ni porque hayan pegado a un hermano, ni por una gamberrada seria... Hay alternativas al castigo físico. La más eficaz es el hecho de cumplir con las consecuencias estipuladas y el medio más impactante es la palabra. Solo se necesita autocontrol por nuestra parte.
Con las normas de la casa establecidas y entendidas por todos ya no habrá problemas pues todos sabrán lo que han de hacer y sus consecuencias. FALSO. Se trata de niños. Es importante que conozcan las normas y las consecuencias pero no esperes que las cumplan a rajatabla. Da por hecho que se incumplirán en algún momento y haz que se cumplan las consecuencias con la mayor tranquilidad posible.

Ayudar sistemáticamente a mis hijos hará que se sientan queridos y que aprendan a ayudar a los demás. FALSO. Desde luego serán más felices porque les estarás ahorrando un trabajo pesado pero aprenderán a evitar cualquier esfuerzo porque para eso... ¡estás tú!. Por ejemplo: Tu hijo te contesta de malos modos cuando le pides que saque los platos del fregaplatos. La próxima vez que te pida que le ayudes en algo, recuérdale su actitud diciéndole sencillamente: “No, no te voy a ayudar si continuas respondiéndome de la manera cómo lo hiciste ayer. Me gustaría ayudarte pero no lo haré porque creo que los dos hemos de tratarnos correctamente y hacernos favores, no solo yo”. Ni una palabra más.

Un niño puede pegar a un compañero solo para defenderse, nunca para atacar. FALSO. Es nuestra obligación enseñar a nuestros hijos desde pequeños a no utilizar la agresividad bajo ningún concepto. Ante una agresión existen otras alternativas como utilizar el humor, la comunicación, el apoyo de un adulto, la evasión... Los niños, por ser niños, no tienen el autocontrol y el criterio necesario para saber cuando pueden usar y cuando no la agresividad. La norma debe ser no utilizarla nunca. Deben crecer pensando que la agresividad es inadmisible.

Con las herramientas apropiadas, la conducta de los niños cambia rápidamente. FALSO. Creer esto nos hará sentirnos ansiosos y trasmitir nuestra frustración al niño. Los niños necesitan un tiempo para aprender. Y aprenden equivocándose. Unos más que otros. Conseguir que nuestro hijo deje de tener rabietas y pataletas ante nuestra negativa puede llevarnos más de un año pues va íntimamente ligado al momento evolutivo en qué se encuentra. No dudes ni de tu capacidad cómo padre ni de la herramienta educativa que estás utilizando. Sencillamente, has de perseverar y darle tiempo para asimilar el aprendizaje.

Los hijos saben apreciar nuestros esfuerzos y sacrificios. FALSO. Hemos de aprender a dar sin esperar nada a cambio. Nos sacrificamos porque son nuestros hijos y les queremos. No hay más razón. No hay que enfadarse si no nos muestran su agradecimiento tal y como a nosotros nos gustaría. Seguro que cuando menos lo esperes te lo demostrarán... ¡y con creces!. Tras un día de divertida excursión por el bosque con fantasmas forestales y merienda especial incluida, mi hijo de 8 años me dijo por la noche, cuando me recosté a su lado, que lo mejor del día había sido el momento en el que yo me acosté junto a él para charlar sobre la excursión.

Si soy demasiado exigente con mi hijo dejaré de ser su amigo/a. FALSO. En realidad, no has de pretender ser su mejor amigo sino su mejor padre o madre. Poner límites y actuar consecuentemente es duro para los padres y sabemos que ante sus ojos dejamos de ser temporalmente populares pero ser permisivos por ganarnos su admiración o por agotamiento produce el efecto contrario: en algún momento de su crecimiento nos echarán en cara no haber sabido hacerles cumplir con nuestros objetivos educativos y perderemos ante ellos toda la “admiración” que tan cómoda e inmerecidamente hemos ganado.

Sentir algo no es lo mismo que hacerlo. VERDADERO. Los sentimientos son todos aceptables lo que no es admisible son todos los comportamientos.Por ejemplo, tu hijo se pelea con su hermano y dice gritándole “Ojalá te mueras”. No está planeando el asesinato de su hermano sino que se trata de una válvula de escape para sus sentimientos heridos. En lugar de recriminarle por decir eso, deberíamos trasformar esa expresión en un sentimiento: “Tu hermano te ha roto el libro y ahora estás muy enfadado con él”. De esta forma estarás legitimando sus sentimientos que es lo que en esos momentos necesita tu hijo para reconducir la situación. Y lo mismo con tus sentimientos como padre o madre: Todos hemos sentido alguna vez la necesidad de “desterrarlos “a Siberia” por una larga temporada. Sentir de esta manera no nos hace peores padres. Esos sentimientos nos avisan de que está cerca la “explosión” y necesitas retirarte diez minutos a tu habitación.

Reconocer ante nuestros hijos que nos hemos “pasado” con un castigo o con una medida educativa implica perder autoridad. Hay que aplicarla a toda costa. FALSO. Ser un padre afectivo que reconoce sus errores les enseña humildad. En momentos de gran excitación, los padres TAMBIEN cometemos errores y tomamos decisiones desmesuradas. Es una virtud reflexionar una vez pasado el nerviosismo y explicar a nuestros hijos el motivo de nuestra nueva decisión para que vean que no se deriva de una falta de criterio sino, al contrario, de una profunda reflexión y sentido de la justicia.

Rendirse ante nuestro hijo implica perder autoridad. CIERTO. Cada vez que un hijo trasgrede el “no” de su padre o madre porque éste se da por vencido o no sabe decirlo en serio, terminará concluyendo que: “Si discuto con él, acabo cansándolo y ¡me salgo con la mía!; solo es cuestión de paciencia...”. Si has tomado una decisión que consideras justa y conveniente para tu hijo, hazla cumplir a toda costa. La diferencia con el punto anterior es que en este caso estás convencido de que esa decisión es la mejor para tu hijo y la has reflexionado, porque es apropiada para la ocasión o porque ya se estipuló previamente y él conocía las consecuencias.

Explicar a los hijos pequeños en todo momento el porqué de nuestras órdenes les ayuda a obedecer. FALSO. Los niños pequeños, por naturaleza son egocéntricos y no se rigen por la lógica sino por sus apetencias. Por eso, no hay que entrar en largas reflexiones y discusiones sobre lo que es justo o no para él. Con una primera explicación será suficiente. Si a continuación no obedecen, hay que adoptar una actitud tajante y dejarse de discusiones: un “no” contundente y seco será suficiente o “no voy ha discutir esto contigo. Hazlo ahora mismo”. Entonces aplicar las consecuencias si no obedece.

El amor hacia ellos es incondicional, se merecen nuestro amor hagan lo que hagan. CIERTO. Es IMPORTANTÍSIMO que sepan desde que son pequeños que hagan las burradas que hagan les seguirás queriendo eternamente. Deben saber que tu amor no obedece a su comportamiento o a las circunstancias. Díselo con palabras, con miradas, con tu tiempo, con sorpresas, con dibujos, con abrazos y cartas... Después de actuar consecuentemente ante una infracción de las reglas, puedes decirle: “Papá y mamá te querrán siempre, aunque a veces no te comportes como a nosotros nos gustaría”. Esta es la verdad: quieres a tu hija/o aunque a veces no te gusta su comportamiento. Son cosas distintas que merece la pena aclararles.

Elena Roger
Pedagoga

solohijos.com


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