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Repensando las relaciones entre la escuela y los nuevos escenarios familiares Por: Antonio
El Martes 1ro febrero 2005.

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Las relaciones entre escuela y familia siempre han estado presididas por un cierto recelo. A diferencia de la familia, la escuela es un escenario altamente racionalizado. Como decía Talcott Parsons, el mundo de la escuela supone para el alumno una ruptura de las reglas de juego que hasta entonces le habían sido aplicadas. La familia funciona sobre la base de elementos biológicos: sexo, rango de nacimiento, edad. Son elementos adscriptivos que chocan con las reglas del funcionamiento escolar. La familia trata incondicionalmente al niño. Es decir, el niño es valorado y querido por el mero hecho de pertenecer a la familia. Sin embargo, la escuela anticipa al niño cómo va a ser tratado por la sociedad y su cometido consiste en que el niño internalice esas reglas de juego, que se entrene en su ejercicio, y que compruebe los efectos de su aplicación.

La escuela surge como parte de la lucha contra los particularismos de la familia. No en vano, ya desde la Ilustración se plantea la existencia de la escuela como una institución a la que corresponde inocular el espíritu de unos nuevos tiempos caracterizados por el espíritu crítico, la cientificidad, el laicismo, frente al arcaísmo, los prejuicios y la superstición de que se supone imbuidos a la familia.

Pese a que el pensamiento ilustrado parece dirigirse al conjunto de la humanidad, en realidad la escuela, tras el triunfo de la burguesía a finales del XVIII y comienzos del XIX, solo acoge en su seno a niños -y no niñas- de raza blanca hijos de propietarios y de profesionales. Paulatinamente se van incorporando, con resultados desiguales, a la escuela todos los grupos inicialmente excluidos: clases trabajadoras, mujeres y minorías étnicas. No se debe perder de vista que hasta muy recientemente la experiencia de escolarización para la inmensa mayoría de la población no iba más allá de la alfabetización funcional, lo que se traducía en una permanencia en la escuela de poco más de tres años...

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El autor, Rafael Feito, es miembro del AMPA del Colegio Público Alhambra.

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